Morelia, Michoacán
Cuando el tiempo apremia, cuando las llamas amenazan con consumirlo todo, cuando cada segundo hace la diferencia, es necesario tener entereza, empatía, preparación, agilidad, y, lo más importante, mucho corazón, para que una persona en riesgo tenga la oportunidad de vivir.
Y Armando Primera Chagolla, bombero municipal, que a sus 70 años de edad suma más de 35 años de servicio, lo sabe de primera mano, y aunque desea seguir, su cuerpo le pide parar: “yo quisiera pedirle al presidente Alfonso Martínez, que ya me jubile”.
En entrevista, Primera Chagolla se dice deseoso de seguir sirviendo a Morelia, desde el cuerpo de bomberos, una labor que desde el momento que la ejerció la hizo parte de su historia, pero sabe que eso ya no puede ser, porque incluso, pone en riesgo hasta a sus propios compañeros de labor.
“Me gusta mucho ser bombero, bastante, no quisiera abandonarlo, yo empecé en las brigadas dedicadas a retirar árboles peligrosos, y de ahí busqué ser bombero, el primer incendio que combatí fue en el mercado Santo Niño, y me comenzó a gustar”, expone.
Ser bombero, afirma el trabajador municipal adherido al Sindicato de Limpia y Transportes (SLyT), no es un trabajo difícil, que exija conocimientos especializados o grandes marcos teóricos, pero sí demanda resistencia, disciplina, agilidad, ganas de hacer las cosas bien y mucho corazón, porque en los instantes de más vulnerabilidad o riesgo, la vida y la salud de la gente están en sus manos.
Así que la preparación en el manejo de equipos y herramientas, aprender a trabajar en conjunto, saber tomar decisiones rápidas y actuar en segundos son necesarios para tener las mejores chances de éxito.
“Me tocó ir a cursos en San Luis Potosí y Estados Unidos, ellos trabajan distinto, pero las cosas básicas no cambian, lo más elemental, tener el corazón y la sangre fría para priorizar la seguridad propia, de los compañeros y de las personas afectadas, y actuar rápido, si en un choque nos toca destrozar un vehículo para salvar a una persona, lo destrozamos en unos minutos”, asevera Primera Chagolla.
Más de 35 años de servir como bombero dejan muchas historias en la memoria, algunas devastadoras, como los cuatro pequeños que perdieron la vida en un incendio en Capula, calcinados, mientras los bomberos se debatían con el fuego y la gruesa madera de la troje que se había convertido en un horno.
Otras más, de feliz recuerdo, como el niño que la corporación apadrinó en su graduación, luego de rescatarlo de un incendio en una vivienda, en Santa María, donde se había ocultado en un closet, por lo que los bomberos debieron buscarlo entre el humo espeso y llamarlo a los gritos.
“Cuando no logramos salvar a una persona, sentimos una gran tristeza; pero cuando podemos rescatar con vida a alguien, nos emocionamos y nos da mucho gusto”, precisa.
35 años, toda una vida, han dejado su huella en Armando Chagolla, “ya me siento cansado, el trabajo se ve fácil, pero es muy pesado, muy agitado, y como estoy ahora no solo puedo ser un riesgo para mí, sino para mis compañeros. Yo no quiero dejarlos, de por sí tenemos poco personal, pero ya cumplí con mi tiempo”.
Armando Primera ya solicitó a la administración municipal se procese su solicitud de jubilación, cumple con todos los requisitos, ahora sólo espera que los largos procesos de la burocracia le permitan retirarse con dignidad, fuerte, para seguir disfrutando pero ahora de la vida en familia, del campo, de sus cultivos, de sus seis hijos y 35 nietos.